Moby Dick
Moby Dick En la cama preparamos nuestros planes para el dÃa venidero. Aunque, para sorpresa mÃa y no escasa preocupación, Queequeg me dio ahora a entender que habÃa estado consultando cuidadosamente con Yojo —el nombre de su pequeño dios negro— y que Yojo le habÃa dicho dos o tres veces, e insistido con fuerza en ello de todo modo, que en lugar de ir juntos a recorrer la flota ballenera fondeada, y elegir de mutuo acuerdo nuestra nave; en lugar de ello, digo, Yojo decretaba con severidad que la selección del barco habÃa de recaer totalmente sobre mÃ, pues Yojo se proponÃa ayudarnos; y, con objeto de hacerlo, ya se habÃa decidido por una nave, la cual yo, Ismael, si se me dejaba por mà mismo, infaliblemente descubrirÃa, como si a todas luces hubiera ocurrido por azar; y en ese navÃo debÃa inmediatamente embarcarme, sin tener en cuenta a Queequeg por el momento.
He olvidado mencionar que en muchos asuntos Queequeg depositaba gran confianza en la excelencia de juicio y sorprendente presciencia de Yojo; y que apreciaba a Yojo con considerable estima como dios de bastante buena Ãndole, que en conjunto quizá tenÃa bastante buena intención, aunque en sus benevolentes designios no siempre tenÃa éxito.
