Moby Dick
Moby Dick Como el Ramadán, o ayuno y humillación de Queequeg, iba a continuar durante todo el dÃa, opté por no molestarle hasta el caer de la noche; pues albergo el mayor de los respetos hacia las obligaciones religiosas de todos, por muy cómicas que sean, y no encontrarÃa sitio en el corazón para menospreciar ni siquiera a una congregación de hormigas que adoran a un sapo; ni a aquellas otras criaturas de ciertas zonas de nuestra tierra que, con un grado de servilismo completamente inaudito en otros planetas, hacen reverencias ante el torso de un terrateniente fenecido sólo por las desmesuradas posesiones todavÃa a su nombre, y a él arrendadas.