Moby Dick

Moby Dick

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

21. Embarcando

Eran casi las seis, y aĂşn sĂłlo un neblinoso, imperfecto y gris amanecer, cuando llegamos cerca del muelle.

—Ahí van unos marineros corriendo delante, si veo bien —dije yo a Queequeg—, no pueden ser sombras; parece que va a zarpar a la salida del sol: ¡vamos!

—¡Deteneos! —gritó una voz, cuyo dueño, que llegaba al mismo tiempo cerca detrás nuestro, puso una mano sobre los hombros de ambos e, introduciéndose entonces él mismo entre nosotros, quedó inclinado un poco hacia delante, en la incierta penumbra, mirando extrañamente a Queequeg y a mí. Era Elías.

—¿Embarcando?

—Quita las manos, ¿no te importa?

—Escucha-i —dijo Queequeg, sacudiéndoselo—, ¡ir fuera!

—¿No estamos embarcando, entonces?

—Sí, nos embarcamos —dije yo—, pero ¿acaso es asunto tuyo? ¿Sabes, señor Elías, que te considero un poco impertinente?

—No, no, no; no me había dado cuenta —dijo Elías, echando una ojeada lenta y asombradamente de mí a Queequeg con las más inexplicables miradas.

—Elías —dije yo—, nos harías un favor a mi amigo y a mí si te retiraras. Vamos a los océanos Índico y Pacífico, y preferiríamos no ser obstaculizados.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker