Moby Dick
Moby Dick Cuando Stubb se ausentó, Ajab estuvo un rato recostado sobre la amurada; y como últimamente había sido usual en él, llamó a un marinero de la guardia y le envió abajo, a por su taburete de marfil, y también a por su pipa. Encendiendo la pipa en la lámpara de la bitácora y plantificando el taburete en la banda de barlovento de la cubierta, se sentó y fumó.
En tiempos de los antiguos escandinavos, cuenta la tradición, los tronos de los reyes daneses, amantes del mar, estaban fabricados con los colmillos del narval. ¿Cómo, pues, podía uno mirar a Ajab, sentado en ese trípode de huesos, sin que le recordara la realeza que simbolizaba? Pues Ajab era un kan de las planchas, y un rey del mar, y un gran señor de los leviatanes.
Pasaron algunos momentos durante los cuales el espeso humo salió de su boca en rápidas y constantes bocanadas, que volvían de nuevo a su cara.
