Moby Dick
Moby Dick Mas cada una de estas famosas ballenas no sólo disfrutó de gran celebridad individual… qué digo, podrÃais llamarlo renombre de oceánica amplitud: no sólo fue cada una famosa en vida, y ahora, tras la muerte, inmortal en historias del castillo, sino que les fueron reconocidos todos los derechos, privilegios y distinciones de un nombre; de hecho, poseyeron un nombre, tanto como Cambises o como César. ¿No fue asÃ, oh, Jack de Timor, vos, afamado leviatán, marcado de cicatrices como un iceberg, que durante tanto tiempo acechasteis en el estrecho oriental de ese nombre, siendo vuestro chorrear visto frecuentemente desde la playa ornada de palmeras de Ombay? ¿No fue asÃ, oh, Tom de Nueva Zelanda, vos, terror de todos los barcos de vapor que cruzaban sus estelas en la vecindad de la tierra del tatuaje? ¿No fue asÃ, oh, Morquan, rey del Japón, cuyo excelso surtidor dicen que a veces asumÃa la semblanza de una cruz, blanca como la nieve sobre el cielo? ¿No fue asÃ, oh, don Miguel, vos, ballena chilena, marcada como una vieja tortuga con mÃsticos jeroglÃficos en el lomo? En sencilla prosa, aquà hay cuatro ballenas tan conocidas para los estudiantes de la historia cetácea como Mario o Sila para el erudito clásico.