Moby Dick
Moby Dick Aunque, consumido por el tórrido fuego de su propósito, Ajab, en todos sus pensamientos y acciones, siempre tenía como objetivo la captura final de Moby Dick; aunque parecía dispuesto a sacrificar todo interés mortal a esa única pasión, puede, sin embargo, que estuviera por naturaleza y prolongada habituación, demasiado ligado a los modos de un feroz ballenero como para abandonar enteramente la colateral prosecución de la expedición. O al menos, si fuera esto de otro modo, no faltaban otros motivos de mucha mayor influencia en él. Sería tal vez afinar demasiado, incluso teniendo en cuenta su monomanía, sugerir que su vengatividad hacia la ballena blanca podría quizás haberse extendido en cierto grado a todos los cachalotes, y que cuantos más monstruos aniquilaba, tanto más multiplicaba las posibilidades de que cada ballena con la que subsecuentemente se topara resultara ser la odiada a la que él daba caza. Mas a pesar de que tal hipótesis fuera efectivamente insólita, había aún consideraciones adicionales que, aunque no estrictamente acordes con la furia de su gobernante pasión, no dejaban, aun así, en modo alguno de ser incapaces de influir en él.
