Moby Dick
Moby Dick *****
Asà estábamos tejiendo y volviendo a tejer, cuando me sorprendió un sonido tan extraño, resollado y musicalmente singular y aterrenal, que el ovillo de libre albedrÃo se me cayó de la mano y me quedé mirando a las nubes de las que esa voz se descolgaba como un ala. Muy en lo alto, en la cruceta, estaba ese loco gay-header, Tashtego. Su cuerpo se inclinaba ansiosamente hacia delante, su mano extendida como una varita mágica, y a breves y bruscos intervalos continuaba con sus gritos. Por supuesto, en ese mismo momento, quizá, el mismo sonido estaba siendo escuchado en todos los mares, proveniente de cientos de vigÃas de balleneros situados a igual altura en el aire; pero de pocos de esos pulmones podrÃa ese acostumbrado y antiguo grito haber derivado una cadencia tan maravillosa como de los del indio Tashtego.
Sobrevolándoos medio suspendido en el aire, tan fiera y ansiosamente escudriñando el horizonte, le hubierais creÃdo un profeta o un vidente observando las sombras del Destino, y anunciando su llegada con esos singulares gritos.
—¡Allà resopla!, ¡allÃ!, ¡allÃ!, ¡allÃ!, ¡resopla!, ¡resopla!
—¿Por dónde?
—¡Por el través de sotavento, a unas dos millas! ¡Una escuela de ellas!
Instantáneamente todo fue conmoción.