Moby Dick

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El barco ahora se mantuvo en la arribada, y fue avanzando gentilmente en viento. Al informar Tashtego de que las ballenas se habían sumergido en dirección a sotavento, esperábamos confiadamente verlas de nuevo directamente delante de nuestra proa. Pues esa singular astucia a veces demostrada por el cachalote, que, sumergiéndose con su cabeza en una dirección, no obstante, mientras está oculto bajo la superficie, se gira, y prestamente nada en el cuadrante opuesto… este engaño suyo no podía estar ahora en acción; pues no había razón para suponer que el pez avistado por Tashtego se hubiera alarmado en modo alguno, o incluso que tuviera noticia de nuestra vecindad. Uno de los hombres seleccionados para guardanaves… esto es, los hombres no asignados a las lanchas, relevó en este momento al indio en el tope del mayor. Los marineros de los de trinquete y mesana habían descendido; las cubetas de estacha se situaron en sus sitios correspondientes; se sacaron los pescantes; la verga del mayor se puso en facha, y las tres lanchas oscilaron sobre el mar como tres cestos de hinojo marino sobre altos acantilados. Por fuera de la amurada, sus ansiosas tripulaciones se aferraban a la regala, mientras un pie estaba expectantemente situado en la borda. Así es la imagen de la larga línea de hombres de un navío de guerra dispuestos a lanzarse a bordo de un barco enemigo.



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