Moby Dick
Moby Dick —SÃ, sÃ, otro tanto pensé yo —soliloquió Stubb cuando las lanchas divergieron—, tan pronto como les puse el ojo encima, asà lo pensé. SÃ, y para eso era para lo que iba tan a menudo a la bodega de la despensa, como Dough-Boy sospechaba hacÃa tiempo. Estaban ocultos ahà abajo. La ballena blanca está tras ello. Bien, bien, ¡sea asÃ! ¡No se puede evitar! ¡Sea! ¡Avante, tripulantes! ¡Hoy no es la ballena blanca! ¡Avante!