Moby Dick
Moby Dick —¡Quién lo hubiera pensado, Flask! —gritó Stubb—; si yo tuviera sólo una pierna no me llevarÃas en tu lancha, a no ser que fuera para taponar el desagüe con mi dedo de madera. ¡Oh, es un viejo asombroso!
—A mÃ, a pesar de todo, no me parece tan raro en ese sentido —dijo Flask—. Si le faltara la pierna desde la cadera, bueno, serÃa algo diferente. Eso le incapacitarÃa; pero le queda una rodilla y una buena parte de la otra, ya sabes.
—Eso no lo sé yo, mi pequeño amigo; nunca le he visto aún arrodillarse.
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Entre la gente que sabe de ballenas se ha discutido con frecuencia si es correcto que un capitán ballenero, considerando la enorme importancia de su vida para el éxito de la expedición, ponga en peligro esa vida en la arriesgada actividad del acoso. De esa manera los soldados de Tamerlán solÃan argumentar con lágrimas en los ojos si aquella invaluable vida suya debÃa ser llevada a lo más tupido de la lucha.
