Moby Dick

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Pero cuando, inclinándose sobre las pálidas amuradas, el capitán foráneo estaba en la coyuntura de llevarse a la boca la bocina, de algún modo se le cayó de la mano al mar; y alzándose ahora de pronto el viento, en vano intentó hacerse escuchar sin ella. Mientras, su barco aún seguía incrementando la distancia intermedia. Cuando de varias calladas maneras los hombres del Pequod estaban poniendo de manifiesto su advertencia de este ominoso incidente ante la primera mención a otro barco del nombre de la ballena blanca, Ajab hizo una pausa un instante: casi pareció que, de no haberlo impedido el amenazante viento, habría arriado una lancha para abordar al foráneo. Mas aprovechándose de su posición a barlovento, de nuevo cogió su bocina, y conociendo por su aspecto que el foráneo era de Nantucket, y camino a puerto en breve, saludó en voz alta…

—¡Ah de allí! ¡Éste es el Pequod, con destino alrededor del mundo! ¡Decidles que dirijan toda futura correspondencia al océano Pacífico! Y dentro de tres años, por esta época, si no estoy en puerto, decidles que la dirijan a…





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