Moby Dick
Moby Dick Finalmente, siempre me hago a la mar como marinero por el saludable ejercicio y el aire puro de la cubierta del castillo. Pues como en este mundo los vientos de proa son más prevalecientes que los vientos de popa (esto es, si nunca vulneras el precepto pitagórico), así, al comodoro, en el alcázar, las más de las veces le llega la atmósfera ya usada por los marineros del castillo. Él piensa que es el primero en respirarla; pero no es así. De modo similar adelanta el pueblo llano a sus dirigentes en muchas otras cosas, al tiempo que los dirigentes siquiera lo sospechan. Pero a raíz de qué vino que, tras haber repetidamente venteado el mar como marinero mercante, se me metiera en la cabeza embarcarme en un ballenero; a esto el oficial de la invisible policía de las Parcas, que ejerce una constante vigilancia sobre mí, que en secreto me acecha, y que de algún modo inexplicable influye sobre mí… puede responder mejor que nadie. Y, sin duda, mi participación en esta expedición ballenera formaba parte del grandioso programa de la Providencia que fue planeado hace mucho tiempo. Iba como una especie de breve entremés y soliloquio entre piezas más extensas. Entiendo que esta parte del cartel debía desarrollarse más o menos así:
Importante y reñida elección para la presidencia de los Estados Unidos
expedición ballenera por un tal ismael
SANGRIENTA BATALLA EN AFGANISTÁN