Moby Dick
Moby Dick De nuevo, existe un imponente cuarto, escrito por un cierto capitán Colnett, un capitán de comunicaciones de la marina inglesa, titulado Una expedición rodeando el cabo de Hornos a los Mares del Sur, con el propósito de extender las pesquerÃas de la ballena spermaceti. En este libro hay un esbozo que pretende ser una «Imagen de una ballena physeter o spermaceti, dibujada a escala a partir de una muerta en la costa de México, agosto de 1793, e izada a cubierta». No dudo que el capitán hiciera realizar esta veraz imagen para el beneficio de sus infantes de marina. Permitidme decir, por mencionar sólo algo de ella, que tiene un ojo que aplicado a un cachalote adulto, según la escala adjunta, harÃa del ojo de esa ballena un mirador de unos cinco pies de largo. ¡Ah, mi galante capitán, por qué no nos incluisteis a Jonás mirando desde ese ojo!
Tampoco las más concienzudas recopilaciones de historia natural para provecho de jóvenes y neófitos están libres de la misma abominación de desatino. Observad esa popular obra, «La naturaleza animada de Golsmith». En la edición abreviada de Londres de 1807 hay láminas de una supuesta «ballena» y un «narval». No quiero parecer rudo, pero esta antiestética ballena se parece mucho a una cerda mutilada; y por lo que se refiere al narval, basta echarle un vistazo para que uno se asombre de que en este siglo XIX semejante hipogrifo pueda ser presentado como genuino ante un inteligente público de escolares.