Moby Dick
Moby Dick No dentro de mucho os pintaré, todo lo bien que alguien sin lienzo pueda, algo semejante a la verdadera forma de la ballena tal como en realidad aparece al ojo del ballenero cuando está amarrada al costado del barco en su propio y cabal cuerpo, de tal manera que allà es posible subirse fácilmente a ella. Puede merecer la pena, por tanto, advertir previamente sobre esos curiosos retratos imaginarios de la ballena, que incluso hasta el dÃa de hoy tramposamente ponen a prueba la credulidad del hombre de tierra firme. Es tiempo de enmendar al mundo en esta materia, probando que tales imágenes de la ballena son completamente erróneas.
Posiblemente, el primigenio origen de todos esos engaños pictóricos pueda encontrarse entre las más antiguas esculturas hindúes, egipcias y griegas. Pues desde aquellos inventivos aunque imprecisos tiempos, cuando en los marmóreos panelados de templos, en los pedestales de estatuas, y en los escudos, medallones, copas y monedas el delfÃn era dibujado con armadura de escamas de láminas, como la de Saladino, y una cabeza dotada de casco, como la de san Jorge; desde entonces ha prevalecido el mismo tipo de licencia no sólo en las imágenes más populares de la ballena, sino también en muchas representaciones cientÃficas de ella.
