Moby Dick
Moby Dick Pero dirigíos a las antiguas galerías y mirad ahora la representación de este pez por un gran pintor cristiano; pues no tiene mayor éxito que el hindú antediluviano. Es el cuadro de Guido de Perseo rescatando a Andrómeda del monstruo marino o ballena. ¿De dónde sacó Guido el modelo de una criatura tan extraña como ésa? Tampoco Hogarth, al pintar la misma escena en El descenso de Perseo, logra un resultado ni una pizca mejor. La enorme corpulencia del monstruo hogarthiano ondula en la superficie, desplazando apenas una pulgada de agua. Tiene una especie de silla de montar elefantes en su lomo, y su distendida boca dotada de colmillos, en la que las olas están entrando, podría confundirse con la Puerta de los Traidores, que conduce por el agua desde el Támesis a la Torre. También están la ballena del Prodromus del antiguo escocés Sibbald, y la ballena de Jonás, tal como se representa en las ediciones de antiguas Biblias y en los grabados de antiguos libros de texto. ¿Qué podemos decir de éstas? En cuanto a la ballena del encuadernador que se enrosca como un pámpano alrededor de la caña de un ancla descendiente –tal como aparece estampada y dorada en los dorsos y portadas de muchos libros antiguos y nuevos–, ésa es una criatura muy pintoresca, pero enteramente fabulosa, imitada, supongo, de la figura similar de los vasos antiguos. Aunque universalmente denominada un delfín, yo, no obstante, llamo a este pez de encuadernador un intento de ballena; pues eso intentaba ser cuando el escudo fue inicialmente presentado. Fue introducido por un antiguo impresor italiano, alrededor del siglo XV, durante el renacimiento del estudio; y en aquellos años, e incluso hasta un periodo comparativamente tardío, los delfines eran considerados vulgarmente una de las especies del leviatán.