Moby Dick
Moby Dick Tampoco las más concienzudas recopilaciones de historia natural para provecho de jóvenes y neófitos están libres de la misma abominación de desatino. Observad esa popular obra, «La naturaleza animada de Golsmith». En la edición abreviada de Londres de 1807 hay láminas de una supuesta «ballena» y un «narval». No quiero parecer rudo, pero esta antiestética ballena se parece mucho a una cerda mutilada; y por lo que se refiere al narval, basta echarle un vistazo para que uno se asombre de que en este siglo XIX semejante hipogrifo pueda ser presentado como genuino ante un inteligente público de escolares.
También, en 1825, Bernard Germain, conde de Lacépède, un gran naturalista, publicó un científicamente sistematizado libro sobre ballenas, donde te encuentras varias imágenes de las diferentes especies de leviatán. Todas ellas no sólo son incorrectas, sino que sobre la imagen de la mysticetus o ballena de Groenlandia (es decir, la ballena franca), incluso Scoresby, un hombre de gran experiencia en lo tocante a esta especie, declara que aquélla no tiene correspondencia en la naturaleza.