Moby Dick
Moby Dick En el segundo grabado la lancha está en el momento de acercarse al flanco plagado de percebes de una gran ballena franca, que en movimiento balancea su negra masa de aspecto de alga en el mar, como un musgoso terraplén de rocas de los arrecifes de la Patagonia. Sus surtidores son erectos, colmados, y negros como el hollín; de manera que diríais que, de tan abundante humo en la chimenea, ha de haber una soberbia cena abajo, en las grandes entrañas. Aves marinas están picoteando los pequeños cangrejos, moluscos, y demás dulces y golosinas que la ballena franca a veces porta en su pestilente lomo. Y mientras tanto el leviatán de gruesos labios se abalanza sobre el piélago, dejando toneladas de blanca cuajada tras de sí, y haciendo que la ligera lancha se meza en las olas como un esquife atrapado cerca de las paletas de un vapor oceánico. Así, la zona frontal es toda rabiosa conmoción; pero detrás, en admirable contraste artístico, está el plano vidrioso de un mar en calma, las caídas velas no almidonadas del impotente barco, y la masa inerte de una ballena muerta, una fortaleza conquistada, con la bandera de la captura perezosamente colgando de la pértiga ballenera insertada en su orificio surtidor.