Moby Dick
Moby Dick En Tower-Hill, según se baja a los muelles de Londres, puede que hayáis visto a un mendigo tullido (un anclote, como dicen los marineros) sujetando ante sà una tabla pintada que representa la trágica escena en la que perdió su pierna. Hay tres ballenas y tres lanchas; y una de las lanchas (conteniendo, supuestamente, la pierna perdida en toda su original integridad) está siendo destrozada por las mandÃbulas de la ballena más próxima. Constantemente durante estos últimos diez años, me dicen, este hombre ha sostenido esa pintura, y exhibido ese muñón ante un mundo incrédulo. Mas ahora ha llegado el momento de su vindicación. Sus tres ballenas, en cualquier caso, son ballenas tan buenas como cualquiera publicada en Wapping; y su muñón, un muñón tan incuestionable como cualquier tocón que podáis encontrar en los claros del oeste. Pero, aunque subido para siempre a ese muñón, el pobre ballenero nunca hace discursos[78], sino que, con ojos caÃdos, contempla apesadumbradamente su propia amputación.
