Moby Dick
Moby Dick En la tumultuosa tarea del descarnado y laboreo de la ballena, se da mucho correr de acá para allá entre la tripulación. Ahora se requieren tripulantes aquí, y de nuevo entonces se requieren allí. No se puede estar en un solo sitio, pues todo tiene que estar hecho a la vez en todas partes. Ocurre un tanto de lo mismo con el que se propone la descripción de la escena. Debemos ahora volver un poco hacia atrás en nuestro camino. Se mencionó que al abrirse paso inicialmente en el lomo de la ballena, el gancho del lardo se insertaba en el orificio cortado allí a propósito por las zapas de los oficiales. Pero ¿cómo se fijaba en ese orificio una masa tan tosca y pesada como la de ese mismo gancho? Era insertada allí por mi particular amigo Queequeg, cuya tarea como arponero era descender sobre el lomo del monstruo para el especial propósito referido. Siendo que en muchísimos casos las circunstancias requieren que el arponero se mantenga sobre la ballena hasta que toda la operación de pelado, o despellejado, se concluya. La ballena, obsérvese, permanece casi enteramente sumergida, a excepción de los sectores inmediatos sobre los que se opera. Así que, ahí abajo, a unos diez pies bajo el nivel de la cubierta, el pobre arponero se esfuerza por mantenerse mitad sobre la ballena, mitad en el agua, mientras la enorme masa gira bajo él como una rueda de andar. En la ocasión en cuestión, Queequeg se presentaba en el atuendo de las Highlands —una falda y calcetines—[91], en el cual, al menos a mis ojos, aparecía en no escasa medida favorecido; y nadie tenía mejor oportunidad de observarle, como presentemente se verá.
