Moby Dick
Moby Dick Ha de recordarse que durante todo este tiempo teníamos una prodigiosa cabeza de cachalote colgando de la amurada del Pequod. Debemos seguir dejándola allí, colgando un rato hasta que tengamos oportunidad de atenderla. Por el momento otros asuntos apremian, y lo mejor que ahora podemos hacer por la cabeza es rezar al Cielo para que los aparejos aguanten.
Bien. Durante la pasada noche y la mañana siguiente, el Pequod había gradualmente abatido hacia un mar que, por sus ocasionales manchas de amarillo copépodo, daba inusuales indicios de la presencia de ballenas francas, una especie del leviatán que pocos suponían que se encontrara en esta particular época merodeando en aquellas vecindades. Y aunque todos los tripulantes normalmente desdeñaban capturar una de esas criaturas inferiores; y aunque el Pequod no estaba comisionado en modo alguno para navegar en su búsqueda, y aunque había pasado junto a gran número de ellas cerca de las Crozets sin arriar ni una lancha; no obstante, ahora que un cachalote había sido llevado al costado y descabezado, ante la sorpresa de todos, se anunció que ese día se capturaría una ballena franca si se presentaba la ocasión.
