Moby Dick

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Puede que sólo sea una ocurrencia ociosa, pero siempre me ha parecido que las extraordinarias vacilaciones de movimiento desplegadas por algunas ballenas cuando son acechadas por tres o cuatro lanchas, la timidez y propensión a extraños sobresaltos, tan común en tales ballenas, pienso que todo esto procede indirectamente de la indefensa perplejidad de volición en la que deben sumirlas sus divididas y diametralmente opuestas potencias de visión.

Mas el oído de la ballena es tan curioso como el ojo. Si sois un completo extraño a su estirpe, podríais examinar estas dos cabezas durante horas y no descubrir nunca ese órgano. El oído no tiene lámina exterior alguna, y en el orificio propiamente dicho malamente podríais insertar una pluma, así de extraordinariamente pequeño es. Está situado un poco detrás del ojo. Con respecto a los oídos hay que observar esta importante diferencia entre el cachalote y la ballena franca. Mientras el oído del primero tiene una abertura externa, el de la última está entera y uniformemente cubierto con una membrana, de modo que es prácticamente imperceptible desde fuera.




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