Moby Dick
Moby Dick Escrutar las lÃneas de la cara, o palpar los chichones de la cabeza de este leviatán, esto es algo que ningún fisiognomista o frenólogo ha acometido todavÃa. Semejante empresa parecerÃa casi tan prometedora como que Lavater hiciera escudriñar las arrugas del peñón de Gibraltar, o que Gall se subiera a una escalera y manipulara la cúpula del Panteón. Aun asÃ, en esa famosa obra suya, Lavater no sólo trata de los diversos rostros de los hombres, sino que también estudia atentamente los rostros de los caballos, pájaros, serpientes y peces; y se ocupa en detalle de las modificaciones de expresión discernibles en ellos. Tampoco Gall y su discÃpulo Spurzheim renunciaron a hacer algunas afirmaciones referentes a las caracterÃsticas frenológicas de seres distintos al hombre. Por lo tanto, aunque estoy malamente cualificado como pionero de la aplicación de estas pseudociencias a la ballena, haré un intento. Yo lo intento todo; logro lo que puedo.
