Moby Dick
Moby Dick Cuanto más cavilaba sobre este arponero, más abominaba de la idea de dormir con él. Era de suponer que, siendo un arponero, su ropa interior, ya fuera de lino o de lana, no estarÃa de lo más cuidada, y con seguridad no serÃa de la más delicada. Empecé a tener picores por todas partes. Además, se estaba haciendo tarde, y todo arponero decente deberÃa estar en casa y camino de la cama. Suponed, digamos, que me cayera encima a medianoche… ¿Cómo podrÃa saber de qué vil agujero habÃa venido?
—¡Posadero! He cambiado de opinión sobre el arponero. No dormiré con él. Probaré el banco este.
—Como bien gustes; siento no poder cederte un mantel para colchón, y se trata de una tabla fastidiosamente dura —palpando los nudos y hendiduras—. Pero espera un poco, skrimshander[14]; tengo un cepillo de carpintero ahà en el bar… Espera, digo, y te pondré suficientemente cómodo.