Moby Dick

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El galante Perseo, un hijo de Júpiter, fue el primer ballenero; para honor eterno de nuestra vocación, sea dicho que la primera ballena atacada por nuestra hermandad no fue muerta con sórdida intención. Fueron aquéllos los días caballerescos de nuestra profesión, cuando sólo portábamos armas para socorrer a los afligidos, y no para alimentar cebadores de lámparas de hombres. Todo el mundo conoce la bella historia de Perseo y Andrómeda; cómo la adorable Andrómeda, hija de un rey, fue atada a una roca en la costa, y cómo, cuando Leviatán estaba a punto de llevársela, Perseo, el príncipe de los balleneros, avanzando intrépidamente, arponeó al monstruo, liberó a la doncella y contrajo matrimonio con ella. Fue una proeza artística admirable, raramente lograda por los mejores arponeros de la actualidad; en especial porque este leviatán fue muerto del primer lanzamiento. Y que nadie dude de esta historia arquea; pues en la antigua Joppa, la actual Jafa, en la costa siria, en uno de los templos paganos, estuvo durante muchos siglos el enorme esqueleto de una ballena, que las leyendas de la ciudad y todos los habitantes afirmaban que eran los propios huesos del monstruo que Perseo mató. Cuando los romanos conquistaron Joppa, ese mismo esqueleto fue llevado triunfalmente a Italia. Lo que parece más singular y sugestivamente importante de esta historia, es esto: fue desde Joppa desde donde zarpó Jonás.


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