Moby Dick
Moby Dick En vano fue rebuscar ámbar gris en la panza de este leviatán,
un insufrible hedor impidió esa indagación.
Sir T. Browne, V. E.
Fue una semana o dos después de la última escena de pesca de la ballena narrada, y mientras lentamente navegábamos sobre un soñoliento y brumoso mar de mediodÃa, que las muchas narices de la cubierta del Pequod resultaron ser exploradores más atentos que los tres pares de ojos en lo alto. Un olor peculiar y no muy agradable fue percibido en el mar.
—ApostarÃa algo —dijo Stubb— a que por aquÃ, en alguna parte, están algunas de esas ballenas trabadas a las que hicimos cosquillas el otro dÃa. SabÃa que no tardarÃan mucho en poner la quilla hacia arriba.
