Moby Dick
Moby Dick Si hubierais descendido desde el fogón al castillo del Pequod, donde estaba durmiendo la guardia fuera de servicio, durante un único instante casi habríais pensado que estabais en algún iluminado santuario de reyes y consejeros canonizados. Allí yacían en sus triangulares criptas de roble; cada marinero una mudez cincelada; una veintena de lámparas iluminando sus párpados cerrados.
En los mercantes, el aceite es para los marineros más escaso que la leche de las reinas. Su normal condición es la de vestirse en la oscuridad, y comer en la oscuridad, y tropezarse en la oscuridad hasta su camastro. Pero el barco ballenero, como busca el nutriente de la luz, vive en la luz. Hace su litera en una lámpara de Aladino, y se tumba en ella; de manera que, en la noche más oscura, el negro casco del barco aún alberga una iluminación.
