Moby Dick
Moby Dick En aquel entonces dediqué tres días a la estudiosa digestión de toda esta cerveza, esta carne y este pan, durante los cuales incidentalmente se me ocurrieron muchos pensamientos profundos, aptos para una aplicación trascendental y platónica; y, más aún, compilé tablas suplementarias propias, relativas a la cantidad probable de pescado en salazón, etc. consumida por cada arponero bajoholandés en aquella antigua pesquería de la ballena de Groenlandia y Spitzbergen. En primer lugar, las cantidades de mantequilla y de queso de Texel y Leyden consumidas parecen sorprendentes. Yo lo imputo, no obstante, a sus naturalmente untuosas naturalezas, que se tornan aún más untuosas por la naturaleza de su vocación, y en especial por perseguir a sus presas en aquellos frígidos mares polares, en las propias costas de ese país esquimal donde los sociables nativos se endeudan en recipientes de aceite de tren.