Moby Dick

Moby Dick

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Así, este carpintero estaba preparado en toda circunstancia, y era de igual modo indiferente y carente de miramientos con todos. Los dientes los consideraba pedazos de marfil; las cabezas las creía simples motones; a los propios hombres los tomaba sencillamente por cabrestantes. Y dado que dominaba sobre campo tan amplio, de semejante variedad, y con tal dinamismo de experiencia, además, todo ello parecería sugerir cierta excepcional vivacidad de inteligencia. No era precisamente así, no obstante. Por nada era este hombre más notable que, diríamos, una cierta impersonal estolidez. Impersonal, digo; pues de tal manera se desvanecía en el circundante infinito de cosas, que parecía ser una con la estolidez general discernible en la totalidad del mundo visible; que, aunque activa sin pausa de incontables modos, mantiene, aun así, eternamente su ritmo, y te ignora, por mucho que excaves cimientos para catedrales. Sin embargo, esta medio horrible estolidez suya, que incluía además, aparentemente, una inclemencia que todo lo abarcaba… estaba, sin embargo, extrañamente tocada a veces con un humor antiguo, zumbante, como de muleta, antediluviano, no sin adobar ocasionalmente con una cierta canosa ingeniosidad; más o menos como la que pudo haber servido para pasar el tiempo durante la guardia de media en el barbado castillo de proa del Arca de Noé. ¿Era que este viejo carpintero había sido un viajero toda su vida, cuyo mucho rodar de aquí para allá no sólo no había criado moho alguno, sino, lo que es más, había quitado cualesquiera pequeñas adherencias que originalmente pudieran haberle sido propias? Una abstracción sin añadidos era él; un entero no fraccionado; descomprometido como un niño recién nacido; viviendo sin premeditada referencia a este mundo o al próximo. Casi podríais decir que esta extraña falta de compromiso suya incluía una especie de carencia de inteligencia; pues en sus numerosos oficios no parecía trabajar tanto por razón o por instinto, o simplemente por haber sido instruido a hacerlo, o por alguna combinación de todo esto, equilibrada o no; sino simplemente por una especie de espontáneo, sordo y mudo proceso de repetición. Era un operario puro; su cerebro, si alguna vez había tenido uno, debía de haber fluido tempranamente hacia los músculos de sus dedos. Era como uno de esos irracionales, aunque enormemente útiles, artilugios de Sheffield multum in parvo[135], que adoptan el exterior de una navaja de bolsillo normal –aunque algo hinchada–, pero que contienen no sólo hojas de varios tamaños, sino también destornilladores, sacacorchos, pinzas, punzones, plumas, reglas, limas de uñas y avellanadores. Así que, si sus superiores deseaban utilizar al carpintero como destornillador, todo lo que tenían que hacer era abrir esa parte suya, y el tornillo estaba apretado; o, si deseaban utilizarlo como pinzas, cogerle de las piernas, y ya estaba.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker