Moby Dick

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109. Ajab y Starbuck en la cabina

Siguiendo la rutina, a la mañana siguiente estaban bombeando el barco; y ¡hete aquí!, junto al agua surgió no poco aceite; los toneles, abajo, debían haber sufrido una fuga considerable. Se manifestó bastante preocupación; y Starbuck bajó a la cabina a informar sobre este desfavorable asunto[139].

Ahora bien, desde el sur y el oeste, el Pequod se estaba acercando a Formosa y a las islas Batán, entre las cuales está una de las salidas tropicales al Pacífico desde las aguas de la China. Y, consecuentemente, Starbuck encontró a Ajab con una carta general de los archipiélagos orientales desplegada ante él; y otra distinta representando las largas costas orientales de las islas del Japón… Niphon, Matsmai, y Sikoke. Con su nueva pierna de marfil, blanca como la nieve, apoyada contra la pata atornillada de su mesa, y con una larga navaja podadera en la mano, el imponente viejo, de espaldas al portalón, arrugaba la frente y volvía a trazar sus viejos rumbos.

—¿Quién está ahí? —escuchando los pasos en la puerta, aunque sin volverse a ella—. ¡A cubierta! ¡Fuera!

—El capitán Ajab se equivoca: soy yo. El aceite de la bodega tiene fuga, señor. Debemos izar estrelleras y desarrumar.


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