Omu
Omu TAHITÍ
Al alba del día siguiente, vimos los montes de Tahití. En tiempo bueno, se pueden vislumbrar desde una distancia de noventa millas.
—¡Hiva-Oa! —gritó Waimontú, excitado, mientras corría hacia el bauprés cuando apenas se divisaba tierra. Pero en cuanto las nubes se disiparon, y dejaron ver tres picos erguidos como obeliscos contra el cielo y la amplia playa ondulante en la línea del horizonte, las lágrimas inundaron sus ojos. ¡Pobre muchacho! No era Hiva-Oa. La verde Hiva-Oa estaba a más de una muy larga legua de recorrido.
