Omu
Omu Tampoco los habitantes de esta tierra encantadora, cuando fueron descubiertos, menoscabaron en nada la maravilla y la admiración del viajero. Su belleza física y su disposición amigable armonizaban por entero con la dulzura de su clima. En realidad, todo lo que a ellos se refiere estaba preparado para despertar un vivo interés. Echemos una mirada a sus instituciones civiles y religiosas. A su rey se le rinde adoración y, en lo poético, su mitología rivaliza con la de la antigua Grecia.
De Tahití se transmitieron relatos anteriores y más completos que sobre cualquier otra isla de Polinesia, y por esta causa aún despierta tan fuerte simpatía entre todos los lectores de viajes por los Mares del Sur. Los diarios de sus primeros visitantes, llenos como están de descripciones románticas de una tierra y de unas gentes hasta entonces desconocidas, produjeron un efecto profundo en toda Europa y, cuando los primeros tahitianos fueron llevados allí —Omai a Londres y Aoturú a París—, recibieron los halagos de nobles, eruditos y señoras.