Omu
Omu —¡A girarla, venga, y ni una palabra! —exclamó el maestre, y en un momento se giró la vela mayor, y el Julia, con su botalón de bauprés apuntado a alta mar, quedó tan quieta como un pato. Nos quedamos sin habla; ¿qué iba a pasar a continuación?
En ese instante el camarero hizo su aparición, con un colchón que desplegó en la parte de popa del bote del capitán; también llevó dos o tres baúles y otras pertenencias de su señor.
Era suficiente. Una mínima pista basta para un marinero.