Omu
Omu Los tres botes, respectivamente mandados por el capitán, Jermin y el tercer oficial, se dirigieron hacia un pequeño centro inglés de la Bahía de las Islas, en Nueva Zelanda. Desde luego, no se separaron más de lo necesario unos de otros. Después de estar en el mar alrededor de una semana, un lascar que iba en el bote del capitán enloqueció y, en vista de que era peligroso quedarse con él a bordo, trataron de echarlo por la borda. En la confusión que se produjo, el bote dio una vuelta de campana porque las velas «traslucharon» en momentos en que había una fuerte marejada; los otros botes se habían apartado más de lo habitual, de modo que sólo se salvó un hombre. A la noche siguiente sopló un terrible huracán, y los restantes botes recogieron las velas, hicieron atados con sus remos, los tiraron por la borda, y se arrojaron tras ellos con gran peligro. Cuando llegó el día, Jermin y sus hombres estaban solos en el océano; lo más probable era que el bote del tercer oficial se hubiera hundido.
Después de muchas penurias, los sobrevivientes avistaron un bergantín, que los recogió y los dejó, por fin, en Sydney.