Omu
Omu UNA MIRADA A PAPEETE - NOS MANDAN A BORDO DE LA FRAGATA
El pueblo de Papeete nos impresionó muy agradablemente. Dispuesto en semicírculo en torno a la bahía, las elegantes mansiones de los jefes y de los residentes extranjeros le dan un aire de distinción tropical, incrementada por las palmeras que aquí y allá se balancean sobre el fondo verde oscuro de los bosquecillos de árboles del pan. Las míseras cabañas de la gente pobre están fuera de la vista, y así nada hay que estropee el conjunto.
Junto al agua se extiende una playa amplia y suave, en la que se mezclan piedras y trozos de coral. Esta playa es a la vez la calle principal del poblado; las casas más hermosas se levantan sobre ella, y la fluctuación de las mareas 17 es tan poco importante que no ocasiona inconvenientes.
La residencia de Pritchard —un edificio amplio y bonito— ocupa un espacio a un lado de la bahía, sobre verdes lomas que se escalonan hasta el mar, y delante de ella ondea el pabellón británico. Al otro lado de la ensenada, la bandera tricolor y la de barras y estrellas distinguen las residencias de los otros cónsules.
