Omu
Omu Cuando regresó, unos momentos más tarde, nos dijo que habÃa muy poco con lo que toparse. Sólo le habÃan preguntado si persistÃa en su actitud; tras su respuesta afirmativa, escribieron algo en un papel, y le ordenaron que saliera. Uno por uno fueron llamados todos, y yo fui el último.
Dentro, Wilson y sus dos amigos estaban sentados con aires autoritarios ante una mesa; un tintero, una pluma y un trozo de papel daban un aspecto bastante formal al aposento. Estos tres caballeros, vestidos con levitas y calzas, parecÃan respetables, al menos en un paÃs donde los trajes apenas se usan. Uno de los presentes procuraba adoptar un porte solemne, aunque su corto pescuezo y su cara redonda no le hacÃan sino parecer estúpido.
Este individuo fue el que condescendió a mostrar un interés paternal en mÃ. Después de declarar que mi resolución respecto al barco era inalterable, estaba ya marchándome, obedeciendo a una seña del cónsul, cuando el desconocido se volvió a él y le dijo:
—Un momento, por favor, señor Wilson, permÃtame hablar con este joven. Acérquese, joven amigo: lamento muchÃsimo ver que usted se ha unido a esos malos individuos. ¿Sabe usted en qué terminará esto?
—Oh, éste es el muchacho que escribió el memorial circular —interrumpió el cónsul— Él y ese pÃcaro del doctor son quienes están detrás de todo este asunto. RetÃrese, joven.