Omu
Omu Para entonces, nuestro guÃa nos habÃa hecho saber que su nombre era Catán Bob (Capitán Bob), y el viejo Bob dio pruebas de ser todo un campechano. Era el epÃteto exacto para él. Desde el primer momento nos sentimos tan a gusto con el viejo, que sin excepción aceptamos de buen grado su autoridad. Al entrar en el edificio, nos mandó amontonar hojas secas y disponerlas detrás de los cepos para que hicieran las veces de jergón. Se puso un tronco de una pequeña palmera a modo de almohada, bastante dura, pero los nativos lo veÃan con naturalidad, pues como almohada usan un pequeño tarugo de madera, vaciado, con cuatro cortas patas, una especie de banco para la cabeza.
Terminados estos preparativos, el Capitán Bob nos empezó a hannapar, es decir a amarrar, para la noche. Levantaron el madero superior del cepo por un extremo, y pusimos los pies en los espacios semicirculares del madero inferior; a continuación, bajaron la parte superior y, por último, ambas tablas quedaron unidas con un viejo aro de hierro en cada extremo. Esta iniciación la llevaron a cabo los nativos con un alborozado regocijo, y a nosotros nos divirtió no poco.