Omu
Omu El siguiente documento que se exhibió fue la declaración del propio capitán. Sin embargo, como en otras oportunidades, él dijo poco y nada, y pronto pasamos a otra cosa.
El tercer affidávit se referÃa a los marineros que habÃan permanecido a bordo del barco, incluido el traidor Tarugo, que al parecer habÃa dado un giro a las pruebas. Era una declaración llena de exageraciones atroces de principio a fin, y los que la habÃan firmado no podÃan haber sabido en qué se metÃan. Sin ninguna duda, ése era el caso de Waimontú, aunque su marca estuviese allÃ. En vano el cónsul pidió silencio mientras leÃa este documento: cada párrafo suscitaba algún comentario hecho a gritos.
Terminada la lectura del affidávit, Wilson —que durante todo ese tiempo estuvo más tieso que un palo— sacó con solemnidad los papeles del barco de su caja de latón. El documento estaba descolorido, lleno de moho y maloliente, y era difÃcil de leer. Cuando terminó, el cónsul lo mostró a todos, señaló el emblema de la compañÃa naviera que habÃa al pie, y nos preguntó, uno por uno, si reconocÃamos que se trataba de nuestro barco.
—¿Para qué lo pregunta? —dijo Dan el Negro—. El capitán Guy sabe tan bien como nosotros que sÃ.