Omu
Omu NOS REFUGIAMOS EN NUESTRA PROPIA AMISTAD
La llegada de los baúles hizo de mi amigo el doctor, con gran diferencia, el hombre más rico del grupo. Esto fue bueno para mí también, pues poco y nada era lo que yo tenía, y por nuestra relación los nativos buscaban mi favor casi tanto como el de Fantasma.
Entre otros, Kulú aspiraba a mi afecto; como era un joven guapo, bastante lechuguino a su manera, acepté su acercamiento. De este modo me libraba de que me importunaran los demás, porque hay que tener en cuenta que los tahitianos, poco proclives a los celos en asuntos del corazón, no quieren saber nada de rivales en las cosas de la amistad.
Kulú, haciendo uso de sus atribuciones de amigo, ante todo me informó de que era un mikonari, con lo que manifestaba su vínculo con la Iglesia.
