Omu
Omu MOTÚ-OTÚ - UN CASUISTA TAHITIANO
De cuando en cuando se usaba la caja de píldoras para otros fines que no eran los descritos en el capítulo anterior. A veces salíamos a pasear en ella.
En el centro mismo de la bahía de Papeete hay una reluciente isla verde, un bosquecillo circular de palmeras cimbreantes, que apenas si tiene cien yardas de diámetro. Se trata de una formación de coral, a lo largo de cuyo perímetro, y hasta varias brazas de distancia, la bahía es tan poco profunda que se puede vadear en cualquier dirección. Bajo estas aguas transparentes como el aire, se ven plantas de coral de todos los matices y formas imaginables: cuernos, matas de color azul, juncos ondulantes como los tallos del trigo, y brotes y musgos verde pálido. En algunos lugares, a través de las ramas ásperas se vislumbra un fondo de arena blanca como la nieve, donde retoñan bulbos de sílice; entre ellos se deslizan hechuras extrañas, algunas hirsutas de púas, otras envueltas en brillantes cotas de malla, y aquí y allá formas redondas en las que destacan los ojos relucientes.
La isla se llama Motú-Otú, y a su alrededor remaba yo a menudo en las noches de luna llena, deteniéndome de cuando en cuando para admirar los jardines marinos sumergidos.
