Omu
Omu Un amigo soltero del Capitán Bob se ufanaba de la posesión de un traje europeo completo, con el que a menudo levantaba borrascas en los corazones femeninos. Por su propensión a lo militar, adornó la chaqueta con un gran parche verde sobre el pecho, y también le cosió aquí y allí varios botones de diversos regimientos, subrepticiamente arrebatados a los uniformes de un grupo de marineros de un barco de guerra, que habían recibido permiso para bajar a tierra y se habían emborrachado. Sin embargo, a pesar de los adornos, no se podía decir que el traje diera exactamente el pego. Por la tirantez de la tela en la espalda, sus codos se proyectaban hacia los lados, como los de un jinete desgarbado, y sus robustas piernas estaban tan comprimidas en la prenda inferior que se veían los hilos de todas las costuras, y a cada paso podía estallar una catástrofe.
En general, se diría que entre los hombres no hay un estilo de vestir definido: se echan encima lo que encuentran, y en algunos casos modifican de manera exótica los cánones de sus padres para lograr que concuerden con sus propios puntos de vista, muy cambiados, acerca de lo que es elegante.