Omu
Omu Hacia el año 1777, el capitán Cook estimó la población de Tahití en unos doscientos mil habitantes38. En un censo ordinario, realizado hace unos cuatro o cinco años, se determinó que sólo había nueve mil39. Esta disminución no sólo es muestra de la virulencia de los males que la provocaron, sino también —y es una deducción inevitable— del hecho de que todas las guerras, las matanzas de niños y otras causas de despoblación, que se dice existieron en tiempos pasados, no fueron nada en comparación con esa virulencia.
Estos males, por supuesto, son de origen exclusivamente foráneo. Para no mencionar los efectos de la ebriedad, de las ocasionales epidemias de viruela y otras cosas que se podrían citar, basta con aludir a una enfermedad virulenta, que en la actualidad infecta la sangre de al menos dos terceras partes de la gente humilde de la isla y que, de una u otra manera, se transmite de padres a hijos.
El primer horror y la consternación ante los estragos iniciales causados por esta plaga fueron lastimosos en extremo. El nombre mismo que se le aplicó es una suma de todo lo horrendo e innominable para una persona civilizada.
Los nativos, trastornados por aquel sufrimiento, llevaban a sus enfermos a la presencia de los misioneros cuando predicaban para gritarles: