Omu
Omu Con los asuntos caseros arreglados a su gusto, aunque para poco contento de Corto, pensé, se echó el cuerno de la pólvora al hombro, y nos marchamos. De inmediato Tonoi tuvo que salir como avanzadilla: abandonó la huerta y se metió por un camino que llevaba hacia las montañas.
Después de atravesar los matorrales durante un rato, llegamos a la luz del sol, en un claro, al pie de unas montañas. Allí Zeke señaló hacia lo alto de un peñasco saliente, bastante lejano. Allí había un novillo de cuernos apuntados hacia atrás, quieto como una estatua.