Omu

Omu

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

La canoa tenía al menos cuarenta pies de longitud, por unos dos de ancho y cuatro de profundidad. La parte superior —hecha de tablas estrechas unidas con cuerdas de sinnate— en muchos puntos había caído al suelo, donde se pudría. Pero aun así había bastante lugar para dormir, y saltamos dentro, el doctor a proa y yo a popa. Me dormí de inmediato, y me desperté de pronto, con todo el cuerpo apretujado en una posición incómoda: pensé por un instante que debía de haber estado prematuramente metido dentro de mi ataúd.

Llamé a Fantasma Largo y le pregunté cómo le había ido a él.

—Bastante mal —respondió, mientras se removía entre la extraña colección de residuos que había en el fondo de nuestra yacija—. ¡Puf! ¡Cómo huelen estas esteras!

Aunque él continuó hablando, excitado, durante un rato, no le respondí, porque me estaba ocupando de ciertas actividades matemáticas a fin de conciliar el sueño. Pero las tablas de multiplicación no me sirvieron de mucho, por lo que evoqué la imagen grisácea de un caos en estado de fluidez escurridiza y, precisamente, estaba cayendo en un sueñecito, cuando oí un zumbido solitario y nítido. La hora del desastre había llegado para mí. Otra vez el zumbido afinado, y el insecto se precipitó dentro de la canoa como un pequeño pez espada, y yo salté fuera.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker