Omu
Omu LA SEGUNDA CACERÍA EN LAS MONTAÑAS
Ya se había alzado sobre las montañas de Martair la alegre mañana de nuestra excursión de montería.
Todo estaba preparado desde la noche anterior, y cuando llegamos a la casa, Corto sirvió un buen desayuno, y el viejo Tonoi iba de aquí para allá, tan animado como un posadero. También esperaban varios de sus hombres, para acompañarnos con calabazas de comida y, en caso de que tuviésemos buena fortuna, para hacer las veces de porteadores a nuestro regreso.
Por la noche, al saber que se planeaba esta salida, el doctor había anunciado su deseo de participar en ella.
Sin embargo, los acontecimientos posteriores nos hicieron pensar que esta expedición había sido una sagaz estratagema del yanqui. Después de disfrutar de los placeres de esta correría, ¿con qué cara podríamos negarnos a trabajar? Además, tendría a su favor todo el crédito de habernos concedido un día de asueto. También se encargó de hacernos saber que, trabajo o diversión, nuestro salario seguía corriendo.
