Omu
Omu Pronto me encontré en una espesura cerrada y, tras echar una ojeada a mi alrededor, estaba saliendo a un claro, cuando oí una detonación y una bala se incrustó en la corteza de un tronco cercano. En ese mismo instante se oyó ruido de pisadas y de ramas rotas, y cinco novillos, casi en línea, irrumpieron a través de una abertura entre los árboles, y se atropellaron en dirección al punto mismo en que tres isleños y yo estábamos plantados.
Eran animales pequeños, negros, de aire maligno, con cuernos cortos, agudos, fosas nasales rojas y ojos como ascuas, y avanzaban a la carrera, gachas sus oscuras cabezas hirsutas.
En esos momentos, los isleños que debían apoyarme ya habían trepado a los árboles. Traté rápidamente de localizar un punto de retirada en caso de emergencia, y levanté el mosquete. En el bosque, una voz me gritó:
—¡Justo entre los cuernos, Paul! ¡Justo entre los cuernos!
Bajé la mira hasta hacerla coincidir con un mechón blanco en la frente del que venía en cabeza; le disparé antes de saltar hacia un lado. Cuando me volví, pasaron los cinco novillos como impulsados por un huracán, dejando tras de sí una estela de torbellinos.