Omu
Omu A estos animales se les puede asestar un único tiro, de modo que, se dijo, debíamos disparar todos a una; sin embargo, fuera por lo que fuese, el arma del doctor se disparó accidentalmente y uno de los cerdos cayó. Los otros corrieron hacia la espesura, y saltamos tras ellos, resueltos a dispararles una vez más, pasara lo que pasase.
El cockney se precipitó hacia unos arbustos, y poco después oímos la detonación de su mosquete, seguido por un grito breve. Corrimos; allí nuestro compañero luchaba con un endiablado cerdo joven, tan negro como la noche, cuyo morro estaba medio destrozado. Corto había disparado cuando la pieza, a toda carrera, iba en línea recta hacia él; enfurecido, el animal lo había embestido, y en ese instante trataba de triturar la culata del mosquete, con el que Corto había intentado aporrearlo. El cockney sujetaba el cañón del arma, y buscaba el cuchillo en su cintura. Yo, que me había adelantado a los demás, acerqué mi mosquete a la cabeza del animal, y así puse fin a la pelea.