Omu
Omu FONDEAMOS EN LA DOMINICA
Con el temor de pasar otra noche en Haitihú, el capitán Guy hizo que el barco se echara a la mar poco después del ocaso. A la mañana siguiente, cuando todos suponíamos que se iniciaba una larga travesía, de pronto cambiamos el rumbo hacia La Dominica, o Hiva-Oa, que era una isla que estaba situada al norte de la que habíamos abandonado. El objetivo de este cambio, según se nos dijo, era reclutar, de ser posible, a varios marineros ingleses quienes según el comandante de la corbeta habían desembarcado de un ballenero americano, y estaban deseosos de embarcar en una nave de su país.
Avistamos tierra por la tarde: un sombreado valle verde, al fondo de una profunda bahía, se prolongaba en los lejanos meandros de amplias gargantas.
—¡A jalar del cabo mayor de barlovento! —rugió el maestre, al tiempo que saltaba a las batayolas; en un instante, la retozona Julia, súbitamente detenida en su carrera, doblegó la cabeza como un caballo sofrenado, mientras los copos de espuma salpicaban su proa.
