Omu
Omu BAILE EN EL VALLE
Había gente malvada en Tamai, se decía, y por eso era todo un misterio la organización del baile.
Una o dos horas antes de medianoche, Rartú entró en la casa, nos puso mantos de tappa sobre los hombros, y nos pidió que le siguiéramos a cierta distancia, y que nos cubriésemos la cara hasta estar fuera del poblado. Conscientes de que nos habíamos metido en una aventura, obedecimos. Por fin, después de un recorrido bastante largo, llegamos al extremo más apartado de la ribera del lago. Era un espacio amplio, húmedo, iluminado por la luna llena, y cubierto por un tapiz espeso de una especie de helecho diminuto, que llegaba hasta el agua; al otro lado del lago, relucía el caserío entre la fronda.
Cerca de los árboles, en un borde de aquel claro, había un montón de piedras medio derruidas, de una superficie de varios pies, sobre las que, en tiempos, se había alzado el templo del dios Oro. En esos momentos, no era más que una cabaña rústica, situada en el nivel más bajo. Al parecer, se había usado como tappa herri, o casa para fabricar la tela nativa.
