Omu
Omu LA HÉGIRA O HUIDA
—Creo, doctor —exclamĂ© pocos dĂas despuĂ©s de mi aventura con el duende, una mañana en que, ausente nuestro anfitriĂłn, descansábamos en su casa, fumando nuestras pipas de caña—, que Tamai es un sitio estupendo. ÂżPor quĂ© no nos establecemos aquĂ?
—¡Pues sà que es cierto! —dijo él—. No es una mala idea, Paul. Pero ¿crees que nos lo permitirán, a pesar de todo?
—Vaya, claro que sĂ: estarán felices de tener un par de karhowris en el pueblo.
—¡Dios! Llevas razón, mi buen muchacho. ¡Ja, ja! ¡Pondré una hoja de plátano que diga «Médico de Londres», daré conferencias sobre antigüedades polinesias, enseñaré inglés en cinco lecciones de una hora cada una, instalaré telares mecánicos para fabricar tappa, trazaré un parque público en medio del pueblo y organizaré un festival en honor al capitán Cook!
—Aunque no sin una pausa para recuperar el aliento —observé.
