Omu
Omu LA VIDA EN LUHULÚ
Encontramos muy grata la sociedad en Luhulú, donde en especial las jovencitas eran sumamente afables; además, nos enamoraba el memorable buen ánimo de Marharvai; por lo tanto, aceptamos su invitación de pasar unos días más en el poblado. Así podríamos participar de una excursión en canoa, dijo, para ir a un lugar que distaba una o dos leguas. Tan contrarios a todo esfuerzo son estos isleños, que pensaron de verdad que la perspectiva de ahorrarnos de ese modo unas millas de caminata nos decidiría a aceptar, aunque no hubiera otro motivo.
La gente del caserío, como pronto descubrimos, constituía una acogedora y pequeña comunidad de primos carnales, de la que nuestro anfitrión parecía ser el patriarca. En realidad, Marharvai era un jefe menor, propietario de las tierras vecinas. Como el rico, en la mayoría de los casos, disfruta de una amplia parentela, la relación familiar que esgrimían para visitarle se relacionaba, quizá, con el hecho de que fuese el señor de la heredad. En ciertos aspectos, como el Capitán Bob, era un caballero de la vieja escuela, un purista de los hábitos de la época pagana ya pasada.
